Apenas bajado del avión, luego de su
visita a la ciudad de Washington, el presidente peruano Pedro Pablo
Kuczynski se ha visto cuestionado por el Congreso de la República de
su país. El Subcomité Permanente para la Investigación de
Comportamientos en Contra de las Costumbres Peruanas
(Superincococope) lo ha acusado de “incapacidad inmoral para
gobernar” (que sería como decir “capacidad moral para
gobernar”), deteriorando –según dice la mayoría congresal- la
bien ganada mala imagen que el Perú tiene alrededor del mundo, ya
que en las últimas décadas, todos los presidentes del país andino,
sin importar su carné partidario, han sido una manga de ladrones,
asesinos, corruptos y hierbas similares, exceptuando a dos que ya
murieron, quedando en claro así, que ser honrado en la tierra de los
incas puede ocasionar daños irreversibles a la salud.
Sin embargo, frente a lo que denomina
infamias surgidas de falacias que rayan con la ferocidad y la
blasfemia, el mandatario se defiende: “Sólo tengo ocho meses como
presidente y no he tenido tiempo para promover razonablemente la
corrupción en mi gobierno. Yo pediría al Ejecutivo, pero sobre todo
al pueblo peruano, que tenga paciencia con un hombre de casi ochenta
años, algo estragado por la vida, que ha sabido cumplir a cabalidad,
durante cinco décadas como funcionario de alto nivel, tanto del
Estado como de las empresas más voraces, su papel de corruptor y
corrupto, traidor a la patria, lobista y magnánimo dilapidador de
los recursos nacionales de este gran país”
En esta imagen lo
pueden ver con dos de sus más cercanos colaboradores durante una
danza tradicional después del almuerzo.

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